En La ópera de los tres centavos, Bertolt Brecht no escribe para entretener sin consecuencias. Es 1928, Berlín vive el final de una década convulsa y Europa camina hacia una crisis profunda. En ese contexto, Brecht decide poner sobre el escenario aquello que muchos prefieren no mirar: la prostitución, la miseria, la corrupción y el abuso de poder como engranajes perfectamente engrasados del capitalismo.

Cuando el teatro decidió dejar de ser cómodo
La obra nace como una revisión feroz y actualizada de La ópera de los mendigos de John Gay, pero Brecht va mucho más allá de la parodia. Lo que plantea es una radiografía descarnada de un sistema económico que funciona, según él, como una gran maquinaria de delito organizado, donde la legalidad y la moral son conceptos flexibles al servicio de quien manda.
Estructurada en un prólogo y tres actos, La ópera de los tres centavos combina el texto afilado de Brecht con la música de Kurt Weill, creando un lenguaje escénico totalmente nuevo para su época. Canciones pegadizas, ecos de cabaret y melodías aparentemente ligeras sirven como trampa perfecta: el espectador entra confiado y sale cuestionándose muchas más cosas de las que esperaba. La música no suaviza el mensaje, lo subraya. Cada canción actúa como comentario crítico, como una llamada de atención que impide la identificación emocional cómoda. Brecht no quería que el público se olvidara del mundo durante dos horas, sino que pensara en él con más claridad al salir del teatro.
Mackie Navaja o el carisma del crimen bien vestido
En el centro de la historia está Mackie Navaja, uno de los grandes antihéroes del teatro contemporáneo. Criminal elegante, seductor, inteligente y perfectamente adaptado al sistema. No roba por necesidad, sino por lógica. Y ahí está la trampa: Mackie no es un monstruo, es el reflejo exagerado —pero reconocible— de una sociedad donde el éxito suele justificar cualquier método.
En esta nueva puesta en escena, Coque Malla asume el papel protagonista con una lectura muy actual del personaje. Su Mackie no necesita sobreactuar ni imponerse por la fuerza. Su poder está en el control, en la palabra medida, en una presencia escénica que mezcla ironía, calma y una amenaza constante. Malla construye un Mackie cercano, casi simpático por momentos, y precisamente por eso profundamente inquietante.

Su experiencia musical aporta una capa extra al personaje: las canciones no son números aislados, sino una extensión natural del discurso. Cada aparición suya refuerza la idea central de la obra: el verdadero peligro no siempre viene del margen, muchas veces viste traje y sonríe con educación.
Un clásico que sigue hablando en presente
Casi cien años después de su estreno en Berlín, La ópera de los tres centavos no ha perdido vigencia y ahora llega a Bilbao al Teatro Arriaga. Quizá porque las preguntas que lanza siguen sin respuesta clara. ¿Quién es más criminal, el que roba un banco o el que lo funda? ¿Dónde empieza realmente la corrupción? ¿Qué precio tiene sobrevivir dentro del sistema? De la mano de Barco Pirata, Unahoramenos Producciones y bajo la dirección de Mario Vega, esta nueva versión recupera el espíritu original de Brecht para traerlo al presente sin filtros. No es un musical para salir tarareando sin más. Es teatro que incomoda, que entretiene y que, sobre todo, deja poso. Del que sigue resonando cuando las luces ya se han apagado.
📍Donde: Teatro Arriaga
📍Cuando: 12 de febrero al 15 de Febrero
📍Cuanto: De 23 €-45€ entradas aquí
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