Hay ciudades que se visitan siguiendo una lista de imprescindibles y otras que terminan conquistándote por los lugares que no esperabas encontrar. Amsterdam fue una de esas ciudades. Sí, recorrimos canales, cruzamos puentes y pasamos horas observando el incesante desfile de bicicletas (y sufriendolo, hay que tener mil ojos). Pero lo que realmente nos sorprendió fue descubrir una Amsterdam más creativa, más alternativa y mucho más auténtica de lo que imaginábamos, más allá de sus canales.
Elegir bien un hotel, es imprescindible
Nuestro campamento base durante el viaje fue Volkshotel, un antiguo edificio de oficinas reconvertido en uno de los hoteles con más personalidad de la ciudad. Situado en Wibautstraat 150, combina diseño, ambiente local y una ubicación perfecta para explorar Amsterdam sin estar en el pleno centro turístico. La habitación ya merecía la estancia por sí sola. Amplia, luminosa y con un detalle difícil de olvidar: una bañera integrada junto a la ventana desde la que contemplar el skyline de Amsterdam mientras la ciudad se ilumina al caer la tarde.
Una de las mejores sorpresas del viaje llegó precisamente dentro del hotel. Aunque subimos varias veces a su terraza para disfrutar de un cóctel con vistas panorámicas sobre la ciudad, la cena la hicimos en el restaurante. Y fue todo un descubrimiento. Una cocina cuidada, sabrosa y muy bien ejecutada, con platos elaborados y precios sorprendentemente razonables para el nivel del local y la calidad de la experiencia. De esas cenas que recuerdas al volver a casa porque superan completamente las expectativas. Y además música en directo, ¿se puede pedir más?







La Amsterdam más creativa se esconde al otro lado del río
Uno de los planes más recomendables de la ciudad es cruzar en ferry gratuito hacia la zona norte de Amsterdam. El trayecto dura apenas unos minutos, pero parece que te transporta a una ciudad completamente diferente. Al llegar a NDSM Wharf desaparecen las postales clásicas de canales y casas inclinadas. En su lugar aparecen antiguas naves industriales, enormes murales, espacios culturales, talleres creativos, galerías de arte y una energía difícil de explicar. Es una de las zonas más vibrantes de Amsterdam y un ejemplo perfecto de cómo una ciudad puede reinventar antiguos espacios industriales sin perder su esencia.
Además de su ambiente artístico, NDSM acoge durante todo el año mercados vintage, ferias de diseño, festivales gastronómicos, conciertos y numerosos eventos culturales que atraen tanto a locales como a visitantes. Si coincides con alguno de ellos, merece la pena dedicar varias horas a recorrer la zona sin prisas. Aquí visitamos el impresionante STRAAT Museum, considerado uno de los mayores museos de arte urbano del mundo. Incluso para quienes no son grandes aficionados al graffiti, la visita resulta fascinante. La escala de las obras es espectacular y muchas de ellas fueron creadas específicamente para el espacio que ocupa una antigua nave industrial. Más que un museo, parece una conversación gigante entre artistas urbanos de todo el planeta.




Muy cerca encontramos otro de los grandes descubrimientos del viaje: Noorderlicht. Situado junto al agua, frente a uno de los grandes canales que atraviesan esta antigua zona portuaria, es uno de esos lugares donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo. Su cocina apuesta por ingredientes ecológicos, de proximidad y de temporada. La carta tiene una marcada influencia vegetariana y vegana, aunque también incorpora algunas opciones de pescado y carne, siempre bajo una filosofía sostenible. Más que una cocina tradicional holandesa, propone platos contemporáneos con influencias internacionales, llenos de sabor y elaborados con productos frescos. Todo ello servido en un ambiente relajado que encaja perfectamente con el espíritu creativo y sostenible del barrio.






Su característica estructura de cristal recuerda a un gran invernadero y su terraza permite disfrutar de las vistas mientras los barcos navegan lentamente por el canal. Comimos allí después de visitar STRAAT y entendimos rápidamente por qué es uno de los lugares favoritos de quienes conocen bien NDSM.
Una ciudad donde Banksy convive con los canales
La ruta cultural continuó en el Moco Museum, uno de los museos más populares de Amsterdam. Aunque muchos visitantes llegan atraídos por las obras de Banksy, el espacio ofrece mucho más que eso. Arte contemporáneo, instalaciones inmersivas y propuestas visuales que conectan especialmente bien con las nuevas generaciones. Lo interesante es que la visita al Moco complementa perfectamente la experiencia vivida en NDSM. Después de descubrir el arte nacido en la calle dentro del STRAAT Museum, resulta fascinante observar cómo muchos de esos lenguajes visuales han terminado entrando en los circuitos artísticos internacionales.






Pero si algo nos llevamos de este viaje es que Amsterdam funciona mejor cuando uno deja espacio para la improvisación. Un ferry que cruza al otro lado de la ciudad, una terraza donde tomar un cóctel mientras cae el sol, una cena inesperadamente buena dentro de un hotel o un barrio industrial convertido en el epicentro creativo de la capital neerlandesa. Porque Amsterdam tiene museos extraordinarios, canales preciosos y rincones mundialmente famosos. Pero también tiene una cara más libre, más artística y menos conocida que acaba siendo la que permanece en la memoria cuando el viaje termina. Desde Bilbao hay muy buenas conexiones. Vuelos directos desde Bilbao, con varias compañías. (No es publi)
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